Animales ¿como personas?

Probablemente, cuando leíste el título te quedaste desconcertado(a) con la idea de que haya gente diciendo que los animales también pueden ser considerados personas. Esa fue también nuestra reacción cuando nos topamos con esta idea por primera vez. Así, que entendemos tu escepticismo; pero, a la vez, te alentamos a continuar leyendo para conocer los argumentos que sostienen esta afirmación.

La suposición de que los humanos son superiores a los animales no es nueva, y se usa como justificación para tratar a los segundos como objetos sobre la base de que, supuestamente es moralmente permitido darles menor importancia a sus intereses en comparación con los intereses nuestros (Holdron, 2013).  Esta idea no es nueva y tiene sus orígenes en la ley romana, según la cual las “entidades” en el mundo ya sea para propósitos legales o morales se categorizaban en “personas” y “cosas”. Según esta ley, las personas son sujetos de derechos y obligaciones, mientras que las cosas puede ser propiedades.  En ética, cuando se considera que alguien es una persona, significa que se debe valorar por sí misma y nunca ser utilizada como un simple medio para un fin, mientras que una cosa tiene un valor indirecto y puede ser utilizada como un medio para los propósitos de las personas (Koorsgard, 2013).

Si bien esta es una concepción que tiene sus orígenes en una época antigua, no es necesario ahondar mucho para constatar que se sigue manteniendo vigente en la actualidad. De esta manera, muchísimos animales son utilizados para diferentes propósitos por parte de los humanos, es decir, se les sigue tratando como un medio para satisfacer fines ajenos a los propios. Por lo tanto, el reconocimiento del estatus de persona a otros individuos es muy importante puesto que implica admitir que tiene un valor propio y que por lo tanto no debe ser utilizado como cosa o propiedad.

Muchas personas que sostienen que los seres humanos somos los únicos animales que podemos ser considerados personas, lo hacen señalando que nuestra especie tiene un lugar privilegiado en la jerarquía evolutiva, o bien, mencionando características como la racionalidad, la capacidad lingüística, y, por supuesto, la inteligencia, las cuales serían exclusivamente propias de los seres humanos. No obstante, estas afirmaciones son problemáticas, como ya lo hemos explicado acá: 1, 2 , 3 . En resumen, estos argumentos son problemáticos debido a que ante cualquier característica que se proponga, la totalidad de humanos que habitamos el mundo no vamos a poder satisfacerla. Por ejemplo, si se propusiera que el requisito para ser considerado persona es que los humanos podemos componer música, bastaría ver que muchísimos de nosotros no podemos hacerlo. Por lo tanto, ¿tendríamos que dejar de ser considerados personas simplemente porque no podemos componer una canción?

Tres acercamientos a la personalidad en animales

Antes de explicar los diferentes enfoques desde los cuales se intenta abordar el estatus de persona en los animales, es importante referirse a algunas cuestiones respecto a la ética animal, dentro de la cual, muchos planteamientos teóricos se basan en la posición conocida como “experiencialismo”, en contraste con “perfeccionismo”. Según esta postura, lo que importa son las experiencias de un individuo, y no la posesión de una capacidad determinada (inteligencia, planificación, lenguaje, entre otras). Es decir, lo relevante es la base primordial de la individualidad (las sensaciones) y no una capacidad que surja como una extensión de la misma. De ahí que se considere que lo fundamental para respetar a otros animales es la sintiencia, pero esto es algo en lo que se ahondará más adelante.

Una vez aclarado esto, haremos mención de estos enfoques señalados por Aaltola (2008). Los primeros dos corresponden a los tradicionalmente utilizados para señalar que solamente los humanos podemos ser considerados como personas, mientras que el último se centra en explicar por qué otros animales también pueden ser considerados como tal.

  • Perspectivas cualitativas

 Los enfoques cualitativos, siguen dos formas, la primera enfatiza una pluralidad de capacidades, y la segunda se concentra en una capacidad específica. En general, según este planteamiento, la personalidad es como una lista de chequeo a la que hay que revisar si se cumplen varias condiciones. Por ejemplo, Aaltola (2008) señala que hay quienes proponen que, para ser considerado persona, alguien debe tener capacidades como un grado mínimo de inteligencia, empatía, autoconsciencia, autocontrol, sentido del tiempo, sentido del futuro, sentido del pasado, capacidad para relacionarse y preocuparse por otros, comunicación, curiosidad, capacidad para cambiar, un balance entre racionalidad y sentimientos, idiosincrasia y funcionamiento cortical. De forma cómica, la autora señala que la personalidad, según esta perspectiva, es una enfermedad de la cual hay que revisar una serie de síntomas.

Este enfoque es problemático debido a que, por un lado, se relaciona el valor moral de un individuo, con una capacidad que se considera valiosa (como la inteligencia o autocontrol) y, por otro lado, ya que pronto nos daremos cuenta que no todos los humanos tendremos todas las características que se propongan. Por ejemplo, las personas con psicopatía generalmente carecen de empatía (Blair, 2018).

Esta postura es antropocéntrica puesto que son las capacidades vistas en humanos las que se consideran como relevantes para la atribución de personalidad. Sin embargo, es, además, una argumentación tautológica, es decir, redundante y circular:

  1. Los humanos son diferentes de otros animales de forma moralmente relevante
  2. Los aspectos moralmente relevantes solo pueden ser encontrados en capacidades que poseen los humanos
  3. Los humanos son diferentes de otros animales de forma moralmente relevante

La ciencia revela que el humano no es la única especie consciente de sí  mismo
Anteriormente se afirmaba que la autoconciencia era una capacidad exclusivamente humana
  • Perspectivas ontológicas

Según estas perspectivas, la personalidad es una categoría a la cual los individuos pertenecen a partir de alguna característica inherente. Es decir, acá el énfasis no está en las capacidades sino en la esencia con la que se nace. De esta manera, la posesión de ciertas capacidades (lenguaje, inteligencia, etc.) es secundaria a la categoría de “humanidad” por lo que un humano será considerado persona, incluso si no es racional, por ejemplo.  Desde esta visión, hay una presuposición ontológica según la cual la “esencia” de los humanos es distinta de la de otros animales, por lo que no tiene sentido alegar algún tipo de similitud ya que, los animales no poseen capacidades humanas e, incluso si las tuvieran, no pueden ser personas, puesto que no son humanos. Nuevamente, esta perspectiva se enfrenta a algunas dificultades, tal y como se plantea desde el argumento de los casos marginales (ACM) al que se hizo mención más arriba.

Está de más decir que esta posición es claramente antropocéntrica y no es muy distinta a aquella de quienes sostienen que la raza, el sexo, la orientación sexual o cualquier otra característica de este tipo es condición suficiente para considerar que otros individuos posean un valor moral superior y por lo tanto distinto.

Derechos Animales: Enfoque Abolicionista: La Superioridad Humana
Pertenecer a la especie humana sería lo que nos otorgaría un estatus moral superior al de otros animales
  • Perspectivas cuantitativas

Según la perspectiva cuantitativa, la personalidad se define a partir de varias partes. Primero, existe un elemento biográfico, es decir, la definición descansa en la noción de continuidad de identidad y de reflexionar sobre esa continuidad. Esto se observa cuando nos describimos a nosotros mismos (“soy una persona decidida”, “desde niño siempre he sido muy curioso”, etc.). Por otro lado, también se puede decir, según este enfoque, que la personalidad es un asunto de interacción, esto es, la capacidad de responder a otros individuos. Autores como Dennett (1988) señalan que es relevante para ser considerado persona reconocerse o reconocer a otros como agentes intencionales, sin embargo, Aaltola (2008) señala que lo relevante acá no es esta capacidad, sino, más bien la de comportarse intencionalmente hacia otros y que estos se comporten de la misma manera hacia mí. Por lo tanto, la personalidad es algo que se experimenta mediante la interacción.

Algunos ejemplos anecdóticos sobre esta capacidad incluyen, el comportamiento de ayuda de un bonobo hacia un pájaro herido, al intentar colocarlo sobre la rama de un árbol para que pueda recuperar el vuelo o bien, el de un gorila en un zoológico hacia un niño que había caído desde cinco metros de altura en el lugar donde ella se encontraba, abrazándolo, y protegiéndolo de otros animales hasta que el cuidador lo retirara de esa zona (Scotto, 2015).

11 imágenes de tiernos animales ayudando a otros animales - Makía
La cooperación entre otros animales no es algo extraño

Si recordamos lo mencionado al principio de este apartado, desde esta perspectiva lo que importancia es la capacidad de experimentar del individuo, aspecto relevante dentro de la ética animal. Capacidad que permite interactuar con los demás. El reconocimiento de personalidad en otros animales implica que estos: poseen valor individual el cual está basado en características intrínsecas del animal y que esto nos confiere obligaciones directas hacia él

Una breve nota sobre la sintiencia

A lo largo de este texto hemos mencionado varias veces que nos centramos en la capacidad de experimentar sensaciones de otros animales la que importa para que sean considerados personas, no obstante ¿qué es lo que faculta que los animales puedan tener sensaciones? La consciencia fenomenológica o, bien, sintiencia como también se le llama, la cual se refiere a todos aquellos aspectos subjetivos y experienciales de la consciencia (Colin y Trestman, 2020) y a la experimentación de estados sensoriales (Friston, Wiese y Hobston, 2020) a través de un sistema nervioso centralizado (Marino, 2020).

Entonces…

Muchos de nosotros no dudaríamos en considerar que un niño de dos años es una persona, pero ¿qué lo convierte en persona? ¿Que sea humano? Ya vimos que partir de esta característica es problemático porque no está justificada y sino está justificada deberíamos de recurrir a otra. Entonces ¿qué característica tomamos en cuenta? La posesión de una consciencia que le permita experimentar sensaciones y responder a las mismas, es una mejor opción puesto que estamos considerando una capacidad que posee el individuo y no una que recae en su pertenencia a determinada especie (la inteligencia, lenguaje, funciones ejecutivas, entre otras), lo cual, como ya vimos parece ser muy arbitrario e injustificado puesto que muchas de estas características los humanos las poseemos en mayor grado.

Una vez superada la sorpresa y escepticismo respecto a la afirmación de que los animales pueden ser considerados personas, esperamos que a lo largo de estas líneas se hayan podido brindar los suficientes insumos para reflexionar al respecto y comenzar a superar la extrañeza respecto a que no solo los humanos somos personas y que otros animales también pueden serlo.  Como pudimos ver, la consideración de persona a otros individuos es muy importante puesto que es un primer paso para dejar de considerarlos como objetos o recursos que están simplemente para satisfacer fines ajenos. Claramente, no basta solo con reconocer este estatus, sino también con poner en práctica las acciones necesarias para actuar de forma coherente con este reconocimiento.

Referencias

Aaltola, E. (2008). Personhood and animals: three approaches. Environmental Ethics, 30(2),175-193.

Blair, R. (2018). Traits of empathy and anger: implications for psychopathy and other disorders associated with aggression. Philos Trans R Soc Lond B Biol Sci. 19;373(1744):20170155. doi: 10.1098/rstb.2017.0155. PMID: 29483341; PMCID: PMC5832681.

Colin, A., y Trestman, M. (2020). Animal Consciousness. The Stanford Encyclopedia of Philosophy. Recuperado de: https://plato.stanford.edu/cgi-bin/encyclopedia/archinfo.cgi?entry=consciousness-animal

Dennet, D. (1988). Conditions of personhood. En: Goodman, M.F (Ed). What is a person?. Contemporary Issues in biomedicine, ethics, and society. Humana Press.

Holdron, C. (2013). The case for legal personhood for nonhuman animals and the elimination of their status as property in Canada. Recuperado de: https://tspace.library.utoronto.ca/handle/1807/42864

Korsgaard, C. (2013). Personhood, animals and the law, Think, 12(34), 25-32.

Marino, L. (2020). Sentience in all organisms with centralized nervous systems. Animal Sentience.

Scotto, C. (2015). Empatía, antropomorfismo y cognición animal. Principia 19(3): 423–452