Tú no puedes ser vegano/a

Si usted es vegano/a desde hace ya algún tiempo, no es de extrañar que se haya topado con frases como: “pero no puedes ser vegano porque las llantas de algunos autos están hechas con ingredientes de origen animal (acá debemos señalar que no es lo mismo demandar llantas fabricadas a partir de materiales extraídos de animales, y viajar en un servicio de transporte público que las utiliza), y los billetes tienen grasa animal” (en algunos países).  A eso, quienes alegan tal cosa, señalan que el veganismo no evita la muerte de animales debido a actividades como la agricultura (Fischer y Lamey, 2017) o la contaminación por automóviles, actividades mineras, petroleras, etc. Y tienen razón; el veganismo no evita tales cosas porque, el veganismo tiene por objetivo rechazar la explotación animal únicamente. Es decir, de rechazar todo uso hecho de forma directa e intencionada.

Quienes sostienen que las personas veganas no logran evitar satisfactoriamente la muerte o daño causado a estos animales omiten (esperemos que no sea adrede) que existe una diferencia importante entre causar un daño directo y uno indirecto y no a propósito a otros individuos.  De hecho, si utilizáramos ese razonamiento para decir que alguna persona activista por los derechos de un colectivo aborigen no está ayudando a esa causa porque eventualmente su dinero podría llegar a empresarios que buscan explotar los territorios adonde vive esa población, nos sorprendería; primero, por lo rebuscado del argumento y segundo porque no tiene sentido; puesto que la o el activista está realizando acciones concretas para visibilizar la situación de los aborígenes y actuando de tal manera que se respeten sus derechos. Por lo tanto, el daño indirecto que probablemente cause sobre estas personas no deslegitima su actividad ni convicciones. Además, si apelamos a lo mismo, ninguna persona podría considerar que está en contra de la trata de personas, de la pornografía infantil, del narcotráfico u otras actividades que explotan a humanos ya que probablemente y sin que sea advertido, su dinero, al pasar de mano en mano, podría llegar a personas que financian o producen ese tipo de actividades.

Aún con todo, los humanos tenemos la situación más sencilla en general. Es cierto que se siguen dando discriminaciones en función del color de la piel, del sexo, etnia, identidad sexual y otras características; pero, en las sociedades existen leyes o mecanismos que protegen y buscan garantizar que los humanos no seamos esclavizados o tratados como propiedades y, cuando esto ocurre, en teoría se toman las acciones necesarias para intervenir en esas situaciones. No obstante, cuando hablamos de animales no humanos, estos son vistos como recursos, propiedades, objetos de consumo, etc. por lo que su utilización es perfectamente lítica. Ello se debe a que, de forma extendida, las sociedades en las que vivimos no han tomado en serio la consideración moral de otros animales, así que, no han comenzado a rechazar la explotación animal de forma extendida. Es decir, al vivir en entornos en los que impera el prejuicio especista, es imposible escapar de todos los usos a los que son sometidos los animales. La diferencia radica en que los veganos adecuamos nuestros comportamientos para rechazar todos aquellos usos que son directos y producto de la explotación animal (alimento, vestimenta, entretenimiento, formas de transporte, entre otras formas.) y además la forma de pensar en cuanto a la consideración o valor moral de los demás animales. Pero esto no quiere decir que podamos evitar todos aquellos daños indirectos.

No creemos que realmente existan muchos veganos que honestamente consideren que, al adoptar el veganismo, están provocando cero daño a otros animales, y, si en serio lo creen así, están evidentemente equivocados. Aun así, hace algunos años se creó toda una polémica por esta obviedad debido a las declaraciones de Claudio Bertonatti. Felicitamos a Claudio por descubrir el agua tibia. En su momento, algunos dieron respuestas razonables a Bertonatti; pero está claro que el argumento sigue encontrando asidero entre aquellos que buscan motivos para rechazar el veganismo.

¿Pero debería esto desanimarnos y llevarnos a desistir de ser veganos? Al contrario. Y, aunque como mencionamos anteriormente, el veganismo se centra específicamente en el rechazo de la explotación animal y en nada más, lo cierto es que al buscar generar más consciencia sobre la importancia de tomar en serio los intereses de otros seres sintientes, se pueden comenzar a generar discusiones y llevar a cabo iniciativas que busquen minimizar el impacto negativo producto de la actividad humana sobre ellos. Por lo anterior, volvemos a enfatizar, como algo que va más allá del objetivo del veganismo. Por ejemplo, algunos autores han presentado propuestas para mitigar los impactos en carreteras que sufren algunos animales (Proppe, McMillan, Congdon, y Sturdy, 2017). Y otros han sugerido alternativas para reducir el número de animales perjudicados por la agricultura. Por ejemplo, el cultivo en interiores (Fischer y Lamey, 2018).

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Ejemplo de cultivo en interiores

Recapitulando, el hecho de que los veganos no puedan evitar todo el daño causado a otros animales no significa, por un lado, que el veganismo sea una farsa puesto que este específicamente se enfoca en aquel daño provocado adrede; y, por el otro, que debamos dejar de ser veganos porque siempre habrá algún tipo de perjuicio a los animales. De ser así, tampoco deberíamos preocuparnos por respetar a otros miembros de nuestra especie, pues nada nos garantiza que sea posible causar cero impacto negativo a otros humanos.

Referencias

Fischer, B., y Lamey, A. (2018). Field deaths in plant agriculture. Journal of Agricultural and Environmental Ethics. Doi: /10.1007/s10806-018-9733-8

Proppe, D., McMillan, N., Congdon, N., y Sturdy, C. (2017). Mitigatin road impacts on animals through learning principles. Animal Cognition, 20, 19-31. Doi: 10.1007/s10071-016-0989-y

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