Granjas felices, alimentando el prejuicio especista.

La insistencia en continuar explotando a otros animales para satisfacer nuestros deseos ha llevado a promocionar la opresión que ejercemos hacia otros animales como algo que estos disfrutan. Esto proviene de las presiones sociales que insisten en un mejor trato para los esclavos no humanos, en lugar del cese de su explotación. En esta entrada tomaremos como ejemplo de referencia el popular consumo de productos derivados de animales de grajas “felices” o ecológicas, pero teniendo en claro que no es este uso particular lo que está mal, sino la explotación animal en general

El objetivo de estas iniciativas consiste en promocionar el bienestar animal de los no humanos explotados para consumo humano, rechazando los huevos, leche, miel o carne, entre otros productos de origen animal provenientes de las granjas de explotación comunes. Por ejemplo, los huevos marcados con 3 y 2 en algunos países, provienen de gallinas que sufren maltrato, y por lo tanto algunos rechazan su consumo; pero si es aceptan comprar los marcados con 1 o 0 de granjas “ecológicas” o “camperas” ya que estos supuestamente provienen de una clase de explotación “feliz”; y de este modo surge una alternativa más de consumo de animales, pero enfocada a consumidores preocupados por el “bienestar” de los animales que explotan.  Quienes apoyan las reformas a la explotación animal, cambiando un modo de explotación por otro, insisten en que se hace “justicia” entre un tipo de abuso y otro, dado que esta estos cambios en las prácticas de explotación animal se consideran compasivas o “humanitarias” lo que fomenta que el consumidor se sienta más animado a continuar participando de su explotación, en lugar de abandonarla.

Explotación amigable

Basándose en el trato para justificar el uso de otros animales, al igual que los partidarios de las peleas de gallos o las corridas de toros, los promotores de la explotación “feliz” apelan a las buenas prácticas o adecuada manipulación que dan a su propiedad para así poder usarlos a su conveniencia. Expresan que estos animales son alimentados con los mejores piensos, los grupos de animales a explotar son delimitados; pueden caminar, descansar, poseen un reglamento para las instalaciones y su manejo, son criados con las condiciones fisiológicas y anatómicas apropiadas, todo esto y más para lograr una alta eficiencia productiva, mayor postura de huevos y peso (en el caso de las gallinas particularmente) o la mejora en la calidad de la leche de las vacas. (Canet et al., 2012). En cuanto a la producción de carne de animales posee una textura diferenciada o los huevos con mayor pigmentación (Buttow, 2005) y menor inversión inicial en equipamientos e instalaciones. En pocas palabras, justifican su explotación apelando a los beneficios obtenidos, al buen trato que les dan y de paso eso le beneficia al productor y alivia la conciencia del consumidor.

A modo aclaratorio queremos recordar estas opciones de consumo no guardan relación con los principios del veganismo, pues éste no promueve como correcta ninguna clase de explotación animal, independiente del buen trato que los animales reciban.

Alteraciones para su explotación

Estos animales han sido modificados genéticamente con el propósito de hacer más productiva su explotación por ejemplo de 1957 al 2005 el crecimiento de los pollos explotados para engorde aumento un 400%, a causa de todas estas alteraciones genéticas buscando aumentar las proporciones del pecho del animal, sus piernas, órganos, abdomen y otras partes, solamente para satisfacer la cada vez más en aumento demanda humana (Zuidhof, et al., 2014).

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Alteraciones genéticas para aumentar el las proporciones de las gallinas y conseguir mayores beneficios para su comercio.

Este tipo de explotación “feliz” o gallina campera es solamente otro modo de comercialización de animales para pequeños y medianos productores que por diversas razones no se suman al circuito industrial y satisfacen otra clase demanda comercial.

Explotación “feliz” incompatible con el veganismo

 Muchos  “defensores” de animales alientan al público a aceptar “mejoras” en el trato que se da a los no humanos utilizados para consumo, reforzando así su estatus de propiedad pues, independiente del trato, continúan estando bajo el dominio y manipulación del humano. Se dice que debido a la terrible situación de estos animales, debemos hacer algo; y ese algo, en muchos casos, es cambiar por formas de explotación más “compasivas” y menos crueles. El consumo de derivados animales ya sea proveniente de la industria, de pequeños productores o del mismo patio de nuestras casas, para satisfacer fines humanos continúa siendo un acto especista de explotación animal porque continuamos viendo a los demás animales como recursos para nuestro beneficio. Teniendo en cuenta que esto choca de frente con los principios del veganismo, lo mejor sería que abandonemos este tipo de prácticas por completo.

Si como defensores de los animales luchamos por la libertad de los no humanos, entonces podemos comprender con claridad que utilizarlos como recursos es incoherente, sin importar el trato que se dé al individuo puesto que, del mismo modo que no aceptaríamos la explotación humana por mas bueno que sea el trato brindado, también podemos entender que el mismo juicio moral se aplica a otros animales porque ellos también son seres sintientes, y la especie no es un criterio que justifique su discriminación.

Como defensores de los no humanos no podemos permitir el engaño y ser cómplices de una sociedad especista, haciendo creer que existe el modo correcto o aceptable de explotar a los más vulnerables cuando ciertamente podemos abandonar por completo nuestra participación de la explotación animal y animar a otros hacer lo mismo, para que en lugar de regularla o disminuirla la rechacen por completo y promuevan su liberación.

“No importa cuán cuidadosamente haya escondido el matadero a una distancia prudencial de pocos o muchos kilómetros; somos culpables”

Referencias

 

Dottavio, A., y Masso, R. (2010). Mejoramiento avícola para sistemas productivos semi-intensivos que preservan el bienestar animal. BAG, J. basic appl. genet. vol.21 no.2 Ciudad Autónoma de Buenos Aire

MJ, Zuidhof., BL, Scheneider., VL, Carney. (2014). Crecimiento, eficiencia y rendimiento de pollos de engorde comerciales de 1957, 1978, y 2005. Poultry Sience. Oxford Academic. Vol 93, 12.

Canet, Z.E, Romera, B.M., Binda, V., Terzaghi, A., Dottavio, A.M. y Dimasso, R.J. (2012). Indicadores productivos a la madurez sexual en poblaciones experimentales de ponedoras camperas. Revista Argentina de Producción Animal Vol 32, (1): 37-46.

Buttow, V., (2005). Bienestar animal y productividad en gallinas ponedoras comerciales alojadas en jaulas enriquecidas. Universidad de Zaragoza Facultad de Veterinaria.

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