Tenemos que hablar de los veganos

“¡Deja de explotar animales, psicópata especista!” Probablemente, nuestro lector habrá visto esta expresión –o una similar- en algún hilo de discusión muy acalorado sobre veganismo en redes sociales. Nosotros, siendo sinceros, nos hemos topado con este tipo de comentarios para referirse a personas no veganas más veces de las que nos gustaría. Como señalábamos en nuestra anterior entrada, llamar a otros locos, trastornados, dementes, maníacos, psicópatas y un sinfín de adjetivos que aluden directamente a cuestiones sobre trastornos o condiciones mentales es una práctica muy común entre veganos y no veganos. Consideramos que esto es especialmente problemático para el movimiento de los Derechos Animales por varias razones que discutiremos a lo largo de esta entrada. Son de nuestro especial interés aquellas que tienen que ver con la veracidad de utilizar el término “psicópata” (usado tan a la ligera), los términos empleados en campañas de organizaciones como PeTA sobre personas que incurren en determinados usos de animales, y la presencia de un discurso capacitista que no podría ser compatible con la filosofía de los Derechos Animales. Sobre esto último, haremos unos breves comentarios acerca del concepto “esquizofrenia moral” propuesto por Gary Francione.

Fur is for Animals
Según esta imagen, usar pieles de otros animales es de personas idiotas

Prejuicios en el movimiento de Derechos Animales

Desafortunadamente, en el movimiento de Derechos Animales también podemos encontrarnos con actitudes que serían contrarias a personas que se oponen a discriminaciones injustas y arbitrarias hacia otros individuos. Creemos que este es uno de los problemas que merece atención y discusión si deseamos mejorar la difusión del veganismo sin perpetuar estereotipos o prejuicios a otros. Revisemos algunos de estos desafortunados ejemplos. En 2010, en una publicación de PeTA se sugiere que consumir la carne de otros animales está a la par de la sociopatía (término antiguo para referirse a lo que se conoce como psicopatía) (Goldstein, 2010). Pero PeTA va más allá e intenta buscar apoyo en la “opinión profesional” de un psicoterapeuta para afirmar que solo los sociópatas dañan intencionalmente a otros animales (Pruitt, 2010). Volveremos a tratar este asunto en la siguiente sección.

En un libro sobre aspectos de salud publicado en la India,  se señalaba que las personas que no son veganas eran más propensas a hacer trampa, mentir, olvidar promesas, pelear, cometer violencia y agresiones sexuales. (BBC News India, 2012). Aquí sucede algo: debido a que la mayoría de la población que habita el mundo no es vegana, lo más obvio y esperable es que se aprecie más en sujetos no veganos comportamientos de este tipo (lo que no quiere decir, por supuesto, que los veganos estén inmunizados de ellos).  En una columna publicada en The Guardian, se hace referencia a que las personas que consumen animales son tontas porque siguen comiendo animales a pesar de que han sido informadas sobre los peligros de comer carne (Ellen, 2012). Tenemos dos problemas con este tipo de estrategias: recaen en un discurso capacitista por un lado, mienten y utilizan razonamientos falaces por el otro. Flaco favor se le hace a la liberación animal.

La explotación animal es una actividad practicada en todos los países del mundo, está regulada y normalizada por los habitantes de diferentes sociedades y culturas y por las legislaciones de cada país. Por lo tanto, es socialmente aceptable, e incluso hay profesiones destinadas a hacerla más eficiente. Esto para nadie es un secreto. No obstante, algunos activistas veganos la replantean como una desviación “psicopática”; una actividad propia de individuos despreciables, idiotas, etc. El uso de adjetivos peyorativos relacionados con las capacidades cognitivas y la salud mental es una técnica que facilita la adhesión a movimientos como ya lo revisamos en otro espacio; pero que puede cosificar a las personas que viven con determinadas limitaciones, sean cognitivas, físicas o sensoriales (Wrenn, 2015).

Algunos teóricos del movimiento por los Derechos Animales también han caído en este tipo de discursos en sus planteamientos. Por ejemplo, Gary Francione (2008) utiliza el término “esquizofrenia moral” para referirse a nuestras actitudes contradictorias hacia otros animales: estamos en contra del sufrimiento innecesario de los animales no humanos, pero los comemos vestimos y explotamos en general; algo que constituye causar sufrimiento innecesario. Francione no hace otra cosa más que describir el fenómeno conocido como “disonancia cognitiva”; un constructo nada nuevo que tiene un apoyo empírico robusto. Este fenómeno de disonancia permite explicar una gran variedad de situaciones en las que dos ideas opuestas sobre un mismo evento se intentan armonizar para evitar malestar en quien las mantiene. Por ejemplo, alguien que considera que dañar a otros animales está mal, pero no es vegano, puede justificarlo diciendo que necesitamos comer animales para vivir, o que nuestra superioridad justifica su explotación. ¿Si existe otro concepto más adecuado y con suficiente apoyo empírico por qué inventar uno nuevo que además estigmatiza a las personas con algún trastorno mental? Y eso sin mencionar que la esquizofrenia es un trastorno  que puede provocar delirios, alucinaciones y alteraciones en las capacidades cognitivas (Combs, Mueser  y Drake, 2014; Jiménez, Ramos y Sanchís, 2009; Oltmanns y Emery, 2012). Pero nada de esto tiene que ver con el fenómeno que intenta explicar por lo que es inadecuado, y consideramos que no hay motivos convincentes que justifiquen el uso del término esquizofrenia moral del modo que lo hace Francione.

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PeTA nos da a entender que no debemos consumir productos lácteos porque están relacionados con el autismo

¿Psicópatas?                

Robert Hare, psicólogo que ha dedicado su carrera a la investigación de la psicopatía, nos advierte en su libro “Sin consciencia”:

La psicopatía es un trastorno de la personalidad que se define por una serie de conductas y rasgos de la personalidad característicos, la mayoría de los cuales son mal vistos por la sociedad. Por lo tanto, diagnosticar a un sujeto de psicópata no es un asunto banal. Como cualquier trastorno de la personalidad, el diagnóstico se basa en la acumulación de evidencias. El sujeto debe satisfacer los criterios mínimos que definen el trastorno (Hare, 1993, p. 9).

Ampliando lo anterior, las personas con psicopatía tienen, en general,  un sentido exacerbado de grandiosidad y egocentrismo, una visión desproporcionada de importancia y tienden a culpar a los demás por sus errores. Se aprovechan de otras personas a través del uso del encanto, la manipulación y el engaño, sin prestarle a importancia a los perjuicios que pueda acarrear a dichas personas. Tienen una incapacidad acusada para sentir empatía y sus manifestaciones emocionales generalmente son “vacías”  porque no pueden comprender emociones como la tristeza, la culpa, la vergüenza, etc. Las dificultades para sentir culpa o remordimiento cuando dañan a otros individuos es una característica común; así como la tendencia a buscar emociones fuertes, aunque ponga en riesgo su vida o la de otras personas. Los daños físicos, las posibles repercusiones legales y sociales no les preocupan, y la impulsividad y búsqueda de satisfacer sus impulsos de forma inmediata es muy frecuente, También se ha identificado una propensión a tener un temperamento agresivo y hostil, sin preocupación por las normas sociales (Glenn y Raine, 2014). Y todo lo anterior de forma desproporcionada.

El tema de la psicopatía es muy basto, y no se agota en una breve explicación; pero como este no es un blog de psicología, y solo nos interesa presentar la descripción fundamental de este trastorno, ahora nos centraremos en reflexionar qué hay de cierto en llamar psicópatas a quienes no son veganos tomando en cuenta la descripción ofrecida. Primero; es cierto que un indicador que permite sospechar la presencia de psicopatía en un sujeto es haber torturado a otros animales (Lilienfeld y Fowler, 2005). Y pareciera que es la característica que más toman algunos veganos para llamar psicópatas a quienes no son veganos. Puesto que los matarifes, los toreros, los peleteros… torturan y matan animales son psicópatas ¿verdad? No es tan sencillo. Como nos explicaba Hare (1993) un solo criterio no es suficiente para decir que alguien es psicópata, debe haber un proceso riguroso de evaluación y acumulación de información que permita realizar una aseveración tan grave. Sospechamos que este no es el caso cuando se elaboran imágenes que afirman que quienes no son veganos son psicópatas, o cuando se le llama así a alguien en una discusión sobre veganismo.

Además, como señalamos más arriba, la explotación animal es un fenómeno ampliamente aceptado y normalizado; tan normalizado que para muchos es inaudito considerarlo una injusticia o un asunto que merezca nuestra consideración. Las personas que explotan animales, ya sea para utilizarlos como comida, entretenimiento, vestimenta, transporte, compañia u otros usos lo hacen porque hay un contexto cultural que lo ha aceptado y hay una estructura económica que soporta dicha actividad. Esto no quiere decir, por un lado, que no pueda haber personas que explotan animales que tengan rasgos de psicopatía (pero no todas, y mucho menos la mayoría); y por el otro, tampoco equivale a que, como muchas personas creen que explotar animales está bien, eso lo convierte en verdadero. Afirmar que la veracidad de alguna afirmación depende de la cantidad de gente que lo cree no es un argumento adecuado.

Muchas de las manifestaciones de la psicopatía se deben a alteraciones cerebrales que afectan, entre otras cosas, la capacidad de sentir empatía (Díaz, Ostrosky y Romero, 2015; Dolan, 2012; Korponay et al,  2017; Wolf et al., 2015). La empatía puede ser entendida como la capacidad para entender y apreciar los estados emocionales y las necesidades de otros en referencia a sí mismo (Decety et al., 2009). Pero no pareciera que la decisión de participar en la explotación de otros animales sea el resultado de alteraciones a nivel cerebral que afectan la empatía, sino a un problema de normalización de esta actividad y de especismo. Algo que en principio puede solucionarse si la persona está dispuesta a atender las razones que justifican respetar a otros animales y tiene la voluntad de adecuar su conducta para tal fin. Muchas personas han pasado de no ser veganas a serlo; ¿pasaron de ser psicópatas a no ser psicópatas? Eso no tiene el más mínimo sentido, según lo que hemos expuesto. Por ejemplo, hay casos de personas que han pasado de cazar animales a volverse veganos.  Y por si fuera poco, la prevalencia estimada de psicopatía va del 0,2 al 3,3% (APA, 2013) ¿Si las personas que no son veganas -la mayoría de la población mundial- fueran psicópatas, dicha prevalencia no debería ser inmensamente mayor?

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Otra comparación entre personas con psicopatía y aquellas que explotan animales

Es cierto que puede haber ocasiones en las que nos topemos con individuos muy irritantes que pueden sacarnos de nuestras casillas, que nos indigne, enoje y decepcione toparnos con la indiferencia de miles de personas ante una injusticia tan grande, pero a la vez tan ignorada; y que ante eso queramos descargar nuestro enojo e impotencia en nuestro interlocutor. ¿Pero eso justifica caer en un discurso capacitista? ¿Justifica utilizar un término inadecuado para llamar a otras personas psicópatas simplemente porque no quieren atender a las razones para adoptar el veganismo? Aún más ¿creemos sinceramente que alguien se volverá vegano si le llamamos “psicópata”, “trastornado”, “esquizofrénico”? Si queremos mejorar la difusión del veganismo y evitar contribuir a más estereotipos sobre los veganos en general, deberíamos considerar mejorar nuestra manera de comunicarnos y de transmitir el mensaje y evitar la perpetuación de estigmas hacia determinados individuos. El uso de un lenguaje capacitista parece incompatible con un movimiento que  busca terminar la discriminación basada en la diferencia de especies animales y que busca la justicia social (Wrenn, 2015) ¿Por qué? Porque tanto el primero como el segundo son discriminaciones arbitrarias y en muchos casos injustas. Los reclamos capacitistas en el movimiento de Derechos Animales marginan a otros individuos, lo que es perjudicial para ellos y para el movimiento como estrategia (Salomon, 2010).

Referencias

American Psychiatric Association (2014). DSM-5. Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. Editorial Médica Panamericana

BBC News India. (2012). “India Textbook on ‘Lying, Cheating Meat-eaters’ Withdrawn.” BBC. http://www.bbc.co.uk/news/world-asia-india-20405451

Combs, D., Mueser, K., y Drake, E. (2014). Schizophrenia. En D. Beidel, B. Frueh & M. Hersen (Eds.), Adult Psychopathology and Diagnosis (7 ed.). New Jersey: John Wiley & Sons, Inc.

Díaz, K., Ostrosky, F., y Romero, C. (2015). Cognitive and affective empathy: The role in violent behavior and psychopathy. Rev Med Hosp Gen Méx., 78(1), 27-35.

Decety, J., Michalska, K., Akitsuki, Y., et al. (2009) Atypical empathicresponses in adolescents with aggressive conduct disor-der: a functional MRI investigation. Biol Psychol; 80:1–22.

Dolan, M. (2012). The neuropsychology of prefrontal function in antisocial personality disordered offenders with varying degrees of psychopathy. Psychol Med, 42(8), 1715-1725. doi: 10.1017/S0033291711002686

Ellen, B. (2012). “Meat Eaters – You Are Daredevils or Dumb. or Both.” The Guardian. http://www.guardian.co.uk/commentisfree/2012/jan/15/barbara-ellen-meateaters stupid.

Francione, G. (2008). Animals as Persons: Essays on the Abolition of Animal Exploitation. New York: Columbia University Press.

Glenn, A., y Raine, A. (2014). Psychopathy An Introduction to Biological Findings and Their Implications. New York: University Press.

Goldstein, K. (2010). “PETA Compares Meat Eaters to Terrorists, Sociopaths.” The Huffington Post. http://www.huffingtonpost.com/2010/01/26/peta-compares-meat-eaters_n_436939.html

Hare, R. (1993). Sin Consciencia: El inquietante mundo de los psicópatas que nos rodean. New York: The Guilford Press.

Jiménez, P., Ramos, F., y Sanchís, C. (2009). Las esquizofrenias: Aspectos clínicos. En A. Belloch, B. Sandín y F. Ramos (Eds.), Manual de Psicopatología (Vol. II, pp. 371-395). Madrid: McGraw-Hill.

Korponay, C., Pujara, M., Deming, P., Philippi, C., Decety, J., Kosson, D., . . . Koenings, M. (2017). Impulsive-antisocial psychopathic traits linked to increased volume and functional connectivity within prefrontal cortex. Soc Cogn Affect Neurosci. doi: 10.1093/scan/nsx042.

Lilienfeld, S., y Fowler, K. (2005). The Self-Report Assessment of Psychopathy. En C. Patrick (Ed.), Handbook of Psychopathy (pp. 107-132). New York: The Guildford Press.

Oltmanns, T., y Emery, R. (2012). Abnormal Psychology (7 ed.). New Jersey: Pearson Education.

Pruitt, S. (2010). “Only Sociopaths Intentionally Hurt Animals: A Professional View.” PETA Prime. http://prime.peta.org/2010/04/only-sociopaths-intentionally-hurt-animalsa-professional-view.

Salomon, D. (2010). “From Marginal Cases to Linked Oppressions: Reframing the Conflict between the Autistic Pride and Animal Rights Movements.” Journal for Critical Animal Studies, 8 (1/2): 47–72.

Wolf, R., Pujara, M., Motzkin, J., Newman, J., Kiehl, K., Decety, J., . . . Koenings, M. (2015). Interpersonal traits of psychopathy linked to reduced integrity of the uncinate fasciculus. Hum Brain Mapp, 36(10), 4202–4209.

Wrenn, C., Clark, J., Judge, M., Gilchrist, K., Woodlock, D., Dotson, K., . . . Wrenn, J. (2015). The medicalization of Nonhuman Animal rights: frame contestation and the explotation of disability. Disability and Society, 30(9), 1307-1327.

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