El trastorno vegano

No. Esta no es una entrada para victimizar a los veganos y decir lo malos que son los no veganos porque nos dirigen burlas  mientras nos abrazamos y lloramos desconsolados. Es una entrada para abordar una táctica que ha sido utilizada con relativa frecuencia para restarle credibilidad a determinados movimientos, especialmente cuando éstos representan a minorías. Dado que consideramos que la crítica dentro del propio movimiento también es importante para mejorar y no perpetuar prejuicios o conductas que consideramos reprobables, en otra entrada dedicaremos un artículo a exponer como, dentro del mismo discurso de algunos veganos o de organizaciones, pueden utilizarse términos que tienden a patologizar a las personas que no son veganas, o a aprovecharse de determinadas condiciones para favorecer la causa de los derechos animales. Esto lo tratamos en menor medida acá.

¿Cómo logro que no le crean a los veganos?

La patologización es la forma en la que se convierte en enfermedad algo que en realidad no lo es. Un ejemplo reciente de esto es el nombrado “Síndrome premenstrual”. Asimismo, la medicalización se refiere al proceso de transformar características humanas normales o comunes en desviaciones, motivos de preocupación y necesidad de intervenciones médicas (Conrad, 2007). Debido a que ambos términos tienen definiciones similares, acá se utilizarán en el mismo sentido.

La medicalización ha sido una herramienta de control social poderosa; control que parece haberse extendido al terreno de los movimientos sociales (Wrenn et al., 2015). Así, quienes vean amenazados sus intereses particulares o beneficios, patologizan a sus miembros para restarles credibilidad. Por ejemplo, las feministas continúan siendo consideradas “histéricas” (Mitchel, 2004); los defensores de los Derechos Civiles de personas Afroamericanas, en los años 60’s y 70’s, eran diagnosticados con esquizofrenia (Metz, 2010), el debate sobre la regulación y acceso a armas de fuego se ha centrado, en las personas con trastornos mentales (Friedman, 2012); aunque las personas con trastornos mentales constituyen un porcentaje muy pequeño de individuos que cometen violencia utilizando armas de fuego (Gold y Simon, 2016). En el caso de los veganos, el funcionario de un zoológico dijo en una entrevista que los activistas están completamente chiflados (Crowell, 2010) y un corresponsal de la BBC dijo que el veganismo era una “enfermedad exótica” (Mitzman, 2013)

Todo esto está ligado a lo que se conoce como “capacitismo”; un prejuicio que surge mediante la formación de estereotipos, actitudes negativas y discriminación hacia aquellas personas que tienen una diversidad funcional (personas con problemas auditivos, no videntes, personas sin alguna extremidad, etc). El capacitismo se basa en la creencia de que determinadas capacidades son más valiosas, per se, y quienes las poseen son en cierto modo mejores a los demás, de tal forma que existen aquellos que están capacitados y otros que no lo están (Platero y Rosón, 2012)

Lo que sea por “likes”

Para nadie es un secreto que los medios de comunicación y las páginas de información y noticias en redes sociales tienen una lucha descarnada para atraer seguidores, aumentar el tráfico en la página y el alcance de sus publicaciones. Las noticias amarillistas, con títulos llamativos y sugerentes  es cosa de todos los días porque este es un medio muy competitivo y hay que destacar cueste lo que cueste. El veganismo, como no podía ser de otra manera, también entra dentro del conjunto de temas que les gusta abordar en estos medios, amén de noticias polémicas en las que se haga patente como los veganos son unos tipos de cuidado.

Grupos y páginas de Facebook, sitios web de noticias, canales de Youtube, etc., se encargan de difundir todo tipo de notas en las que se señala como los veganos “odian” a sus familiares, a sus amigos (si es que tienen porque “odian” a todos) o cualquier ser humano vivo que se cruce en su camino y no sea vegano. Un caso bastante interesante fue el de la publicación de la noticia en la que supuestamente la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba que el vegetarianismo y veganismo debían ser considerados trastornos mentales. Una noticia que fue desmentida  por una funcionaria de dicha organización.

¿Qué mensaje podría transmitir esta información a personas que no son veganas? Primero y obvio; que el veganismo es un trastorno mental. Segundo; no debo ser vegano porque tendré un trastorno mental. Los humanos no somos todo lo racionales que pretendemos ser, y en muchas ocasiones nuestras decisiones están basadas en sesgos y heurísticos porque necesitamos comprender lo que está ocurriendo a nuestro alrededor, y necesitamos comprenderlo ya; aunque contemos con información incompleta. Este tipo de noticias, entonces, explotan el heurístico de representatividad. Es decir, logran que ciertas características sean más fácilmente atribuibles a individuos que forman parte de determinados grupos. Y esto, claramente, contribuye a perpetuar varios prejuicios y estereotipos en personas veganas que, como toda generalización, pueden ser erróneos.

No vamos a ocultar las cosas; es cierto que puede haber veganos muy violentos, cuyas conductas pueden ser muy desagradables y chocantes para otras personas (veganas o no): insultar, agredir físicamente a otros, realizar actos de vandalismo, etc. Pero sería muy deshonesto pensar que estas personas constituyen la totalidad del movimiento de Derechos Animales (Singer, 1999). O que esto únicamente ocurre dentro de la causa, y  todas las demás son inmunes a esta clase de comportamientos. No es así. Y tenemos el caso de noticias puntuales sobre algunas feministas, individuos de variadas denominaciones religiosas y personas del movimiento escéptico (1, 2). Esto no quiere decir que todos los individuos de dichos movimientos o agrupaciones sean iguales. Lo que deja en claro es que es un problema que debe ser abordado y discutido por sus miembros.

 Criterios para considerar una conducta como “patológica”

Hemos mencionado varias veces todo el asunto de los trastornos mentales y de patologizar comportamientos; pero ¿cómo saber cuándo alguna conducta puede ser considerada problemática o patológica? ¿Cómo saber cuándo es “anormal”?

Primero, es importante tener en cuenta qué se considera “anormal”. En este sentido, existen diferentes perspectivas para establecer aquello que sería normal de lo que no lo es (Benett, 2011):

  • Anormalidad psicométrica: La anormalidad sería aquello que se desvía de una norma estadística. Usualmente, se considera anormal y problemático aquellos individuos que están bajo la norma; pero no aquellos que están por encima. Por ejemplo, alguien con un coeficiente intelectual (término ya en desuso y muy criticado) por debajo de la media, sería alguien anormal y podría tener un problema; pero alguien con CI superior a la media no lo tendría.
  • Conducta incomprensible: El criterio para considerar una conducta como anormal es el grado en el cual la conducta es comprensible. Pero, incluso aquellos comportamientos que parecen anormales pueden ser normalizados si se da una explicación de los mismos. Aunque a muchos les parezca extraña la conducta y decisiones de los veganos, en principio, no tendrían problema en comprender sus motivaciones si hablan con ellos y les aclaran por qué lo hacen.
  • Conducta indeseable: Acá la conducta anormal sería aquella que es reprobada por la sociedad y considerada indeseable por la misma. Sin embargo, muchos prejuicios como el racismo y el sexismo pueden ser –y son- considerados indeseables, pero no son vistos como trastornos mentales.

Ninguna de estas dimensiones parece haber aportado una definición razonable de lo que puede ser considerado funcionamiento anormal, dentro del contexto de la “salud mental”. Por lo que otros han estimado que deben considerarse en conjunto cuestiones como la rareza estadística, ser respuestas maladaptativas a circunstancias particulares, implicar algún tipo de deterioro y requerir tratamiento psicológico (Lilienfeld y Marino, 1995).

Por otro lado, ahora parece haber un consenso más claro para suponer cuando es pertinente establecer que algo es un trastorno psicológico. Pero antes de exponer los criterios utilizados, debemos enfatizar que no quiere decir que podamos forzar todo aquello que no nos gusta o nos parece raro como un trastorno mental y andar tachando de trastornado a cualquiera que se nos ponga al frente. Ya existen muchos prejuicios en torno a los trastornos mentales como para incurrir en esa funesta forma de comportarse que pretende patologizar cualquier cosa.

Los criterios (Kearney y Trull, 2012; Rosenber y Kosslyn, 2011) son:

Malestar significativo

Se entiende por malestar como la angustia o sufrimiento que algunos pueden experimentar en diferentes momentos de sus vidas por diferentes circunstancias. Una persona con un trastorno mental, experimenta este malestar en una manera totalmente desproporcionada a la situación; pueden llorar repetidamente en frente de otras personas, descargar su enojo en aquellos que los rodean, y todo durante períodos de tiempo que pueden ser varios meses e incluso años en casos más graves; o bien pueden elegir “guardarse todo para sí”. Claro que a una persona que recién inicia en el veganismo y choca de frente con la muy lamentable realidad a la que se ven sometidos millones de animales no humanos explotados le puede resultar muy impactante y desgarrador. Pero es una reacción acorde a lo que está viendo. Reacción que generalmente es transitoria.

Deterioro en las actividades cotidianas

El deterioro consiste en una reducción significativa de la capacidad de la persona para funcionar en alguna área de su vida. Una persona con un trastorno psicológico puede ver afectado su funcionamiento en la escuela, en el trabajo o en sus relaciones. ¿Adónde se dibuja la línea de lo que se considera funcionamiento normal y deteriorado? En el grado de deterioro. Cuando decimos el grado de deterioro, y deterioro en general, no estamos refiriéndonos a que un vegano no asista a determinados lugares como: restaurantes, zoológicos, eventos porque no venden comida o dan un servicio que pueda ser apta para él o ella; pues eso es completamente comprensible; hablamos de no salir de la casa por miedo a tener un ataque de pánico y morir,  a que alguien se devuelva repetidamente a chequear que dejó cerradas todas las puertas de la casa y nadie entrará a robar; de no poder movilizarse con normalidad en la propia casa porque está repleta de objetos que acumuló aunque no los necesite y no utilice, lo que ha provocado que la familia no le visite, eso sí representaría un claro deterioro en las actividades cotidianas.

Vamos a ver, una persona vegana también puede tener ciertos inconvenientes como evitar asistir a fiestas porque no hay opciones que pueda comer (lo que se soluciona muy sencillamente llevando la propia comida); y esto no implica un deterioro. Hay quienes piensan que el veganismo es tan extremo, que los veganos no salen o dejan de asistir a otros lugares, y en realidad los motivos para no asistir pueden ser variados: poco interés en la actividad, imposibilidad de llevar alimentos propios, etc. Y ojo, no es que esté mal faltar a algún evento porque no podamos llevar nuestra comida, pero eso tampoco quiere decir que haya algún tipo de deterioro significativo por ser vegano.  O bien, si queremos ponernos extremos, puede no asistir porque “odia” a todos los humanos que están reunidos en ese lugar que comerán partes de animales frente a sus ojos. En casos así cabría preguntarse ¿estos comportamientos iniciaron cuando la persona se volvió vegana? ¿O son respuestas más o menos estables que ha tenido en otras situaciones ajenas al veganismo y a lo largo de su vida  que ahora también se expresan en su vivencia como vegano/a?

Riesgo de daño

Este criterio se refiere a los síntomas de un trastorno que llevan a que la persona ponga en riesgo su vida o la de otros ya sea de forma accidental o intencional. Tenemos el caso de alucinaciones auditivas que le dicen a la persona que se dañe o  dañe a otros, personas con depresiones muy severas que optan por terminar con su vida, padres con una paranoia tan grande que deciden matar a su hijo para salvarlo de un mal mayor o supuestos padres y madres veganas que han puesto en riesgo la vida de algún hijo por alimentarlo únicamente y exclusivamente con leche de almendras.

Contexto y cultura

La cultura también tiene un papel importante en la determinación de lo que se considera patológico o anormal. Las culturas generalmente tienen una serie de normas y valores que son explicita e implícitamente acordados por sus integrantes. Dado que casi la totalidad de la población mundial no es vegana, es esperable que en cada país y cultura predomine la visión de que explotar a otros animales es algo bueno, normal, natural, etc. ¿Quiere decir que los veganos tienen un trastorno porque sus principios no son acordes a las de la cultura en la cual están insertos? Dudosamente. No se nos ocurriría pensar que quienes se opusieron a la abolición de la esclavitud humana tuvieran algún trastorno (aunque ya vimos que eran diagnosticados con esquizofrenia) ¿Por qué sería diferente en el caso de los veganos?

Una vez mencionados los criterios sería pertinente comentar que si, parece que déficits en el consumo de ácidos grasos n-3 de cadena larga, así como déficits en el consumo de B12  pueden representar un mayor riesgo de trastornos depresivos. Y aún más, investigaciones como la de Michalak, Zhang y Jacobi (2012) en la que se identifica cierta prevalencia de trastornos mentales en personas vegetarianas (o posiblemente veganas, no lo sabemos porque no está del todo claro en la investigación) son el panfleto perfecto que necesitan aquellos que quieren decir que el veganismo es un trastorno mental ¿Por qué? Porque los veganos no consuminos alimentos de origen animal y ellos son una fuente (pero no la única) de estos nutrientes.

Suceden varias cosas con esto. Primero; que se observe la ocurrencia de dos eventos: ser vegano y tener un trastorno mental, no implica que el primero cause el segundo. Correlación no implica causalidad. Aunque bien puede ser que en casos de personas con déficits vitamínicos como los mencionados anteriormente  éstospueden inducir la manifestación de determinados síntomas de trastornos. En principio, esto se solucionaría con la ingesta adecuada de suplementos y alimentos enriquecidos. Pero no quiere decir que el veganismo, es decir, que rechacemos la explotación animal sea por sí mismo la causa de un trastorno mental. Segundo; dicha investigación (Michalak et al., 2012) ni siquiera indaga si los individuos se suplementan adecuadamente y si son veganos o vegetarianos estrictos.

En resumen, las tácticas que intentan patologizar el movimiento de los Derechos Animales, como ya vimos, no son nuevas y han sido utilizadas contra movimientos que buscan el respeto hacia otros individuos. Al final, no son otra cosa más que el uso de la técnica de envenenar el pozo para así despachar cualquier cosa que esa persona diga (que encima cree cosas en las que yo no creo, y no me gusta lo que tiene que decir) sobre la base de que está loca porque defiende X idea. Revisando los criterios que se utilizan para determinar cuando alguna conducta puede ser patólogica vimos que no tenemos razones suficientes ni justificadas para pensar que el veganismo es un trastorno mental. Por lo tanto, se estaría patologizando la búsqueda de la justicia para determinados individuos históricamente oprimidos.

“No diríamos que alguien es anormal simplemente porque le gusta lo avant-garde, es excéntrico, tiene determinadas creencias sociales políticas, religiosas o de otra índole” (Rosenberg y Kosslyn, 2011)

Referencias

Bennet, P. (2011). Abnormal and Clinical Psychology: An introductory textbook (3 ed.). New York McGraw Hill.

Conrad, P. (2007). The Medicalization of Society: On the Transformation of Human Conditions into Treatable Disorders. Baltimore, MD: The Johns Hopkins University Press

Crowell, E. (2010). “Jack Hanna.” Northern Express, April 26. http://www.northernex press.com/michigan/article-4591-jack-hanna.html.

Friedman, R. (2012). “In Gun Debate, a Misguided Focus on Mental Illness.” The New York Times, December 17.

Gold, L., y Simon, R. (2016). Gun Violence and Mental Illness: American Psychiatric Association.

Kearney, C., y Trull, J. (2012). Abnormal Psychology and Life:  A Dimensional Approach. Wadsworth: Cengage Learning.

Lilienfeld, Scott O., Marino, Lori. (1995). Mental disorder as a Roschian concept: A critique of Wakefield’s “harmful dysfunction” analysis. Journal of Abnormal Psychology, 104(3), 411-420

Metzl, J. (2010). The Protest Psychosis: How Schizophrenia Became a Black Disease. Boston, MA: Beacon Press.

Michalak, J., Zhang, X., y Jacobi, F. (2012). Vegetarian diet and mental disorders: results from a representative community survey. International Journal of Behavioral Nutrition and Physical Activity, 9(67), 1-10.

Mitchel, S. (2004). Frances Power Cobbe: Victorian Feminist, Journalist, Reformer. Charlottesville, VA: University of Virginia Press.

Mitzman, D. (2013). “Where Vegetarianism is an Exotic Illness.” BBC News Magazine. http://www.bbc.co.uk/news/magazine-20970092.

Platero, R., y Rosón, M. (2012). De ‘la parada de los monstruos’ a los monstruos de lo cotidiano: La diversidad funcional y sexualidad no normativa. Feminismo/s, 19, 127-142.

Rosenberg, R., y Kosslyn, S. (2011). Abnormal Psychology. New York: Worth Publishers.

Singer, P. (1999). Ética más allá de los límites de la especie. teorema, 18(3), 5-16.

Wrenn, C., Clark, J., Judge, M., Gilchrist, K., Woodlock, D., Dotson, K., . . . Wrenn, J. (2015). The medicalization of Nonhuman Animal rights: frame contestation and the explotation of disability. Disability and Society, 30(9), 1307-1327.