Contractualismo y Derechos Animales ¿Posturas irreconciliables?

Muchas personas, incluyendo al filósofo Peter Carruthers (1992), sostienen que no tenemos obligaciones directas con los animales de otras especies, puesto que no son agentes morales ni racionales –como si lo somos los humanos- y, por lo tanto, éstos no pueden establecer obligaciones con otros agentes morales. Es decir, no pueden tener derechos si no pueden tener obligaciones porque no cuentan con la capacidad para pactar con otros sujetos las restricciones y acuerdos que regularán sus relaciones. Este argumento, expuesto de forma general y no exhaustiva, se basa en los planteamientos del contractualismo. Y es utilizado por muchas personas en lo que pareciera ser la refutación definitiva de la filosofía de los Derechos Animales.

No obstante, Mark Rowlands (2009) en su libro “Animal Rights: Moral theory and practice”, ofrece una reinterpretación de esta postura (sobre todo de la versión de Rawls) para argumentar cómo, dentro de una teoría contractualista, los animales no humanos también puede tener derechos. Antes de desarrollar su propuesta, el filósofo se dedica, entre otras cosas, a exponer las teorías éticas que han predominado en la cuestión de los Derechos Animales: las posturas utilitaristas y deónticas de Singer y Regan respectivamente; señalando puntos fuertes y débiles de ambas.

Es en el capítulo 6 en el que el autor desarrolla la postura contractualista que sería compatible con la extensión de consideraciones morales directas hacia animales no humanos. Rowlands comienza señalando algo interesante y esto es advirtiéndonos del evidente non séquitur en el que se sostiene la postura contractualista: el hecho de que los creadores del contrato deban ser agentes racionales no implica que los receptores o sujetos que se beneficien de él también deban serlo.

Ahora bien, la propuesta de Rowlands descansa en dos principios tomados de la propuesta original de Rawls. Eston son:

1) El argumento intituitivo de igualdad: Este argumento consiste en señalar que si una propiedad o característica es inmerecida, entonces es moralmente arbitraria porque no se ha hecho nada para merecerla (sexo, color de piel, inteligencia natural, etc.).

De forma astuta, Rowlands señala que, probablemente, algunos dirán que, después de todo, la sintiencia también es una propiedad inmerecida. Si bien esto cierto, debido a que se debe establecer una propiedad que sirva como punto de “corte” para decidir a cuales seres vivos se respeta y a cuales no, la sintiencia parece ser una propiedad apropiada.

2) El argumento del contrato social: hay un velo de ignorancia y una posición original que permiten a sus participantes razonar de acuerdo con ciertas restricciones. Explicaremos este segundo punto a continuación.

Se plantea que hay una posición original (no es una situación imaginaria sino una forma de razonar) en la que las personas, deberán decidir sobre los principios que serán seguidos por los miembros de la sociedad. Esto también requiere que, para ser imparciales, se priven al sujeto o sujetos del conocimiento sobre ciertos talentos, posición económica, visiones del bien y el mal, etc, que tendrá una vez que este velo haya sido levantando y los principios hayan sido decididos. En este proceso no es necesario establecer un contrato con otros individuos (a diferencia de la versión clásica del contractualismo).

Es vital, durante este ejercicio, imaginar cómo sería si no tuviéramos determinada propiedad. Por ejemplo, como sería si, en lugar de ser hombres, fuésemos mujeres, o si, fuésemos animales no-humanos. Esto permitirá que dispongamos de los principios que consideramos serían apropiados para que sean aplicados en dicha sociedad. Es decir ¿qué pasaría si en la posición original y con el velo de ignorancia yo propongo que las mujeres no pueden tener acceso a la educación, pero una vez levantando dicho velo soy mujer? y ¿qué pasaría si soy humano y decido que es correcta la explotación de animales no-humanos y resulta, quitado el velo, que soy un animal utilizado para dicha explotación?

Rowlands señala que, tanto la clase social, como la racionalidad y la pertenencia a la especie humana son características inmerecidas y moralmente arbitrarias, en tanto que no hemos hecho nada para merecerlas. Por lo tanto, también deben ser incluidas en el velo de ignorancia. Esto quiere decir que, cuando razonemos mediante la posición original, no deberíamos saber si, una vez quitado el velo, seremos seres racionales o no, y si seremos humanos o no. Esto permitirá elegir aquellos principios morales que consideraríamos racionales y justos para que sean aceptados. Por lo tanto, según esta postura, otorgar derechos a los animales no-humanos sería perfectamente válido.

Lejos de ser una exposición exhaustiva sobre el planteamiento de Rowlands acerca de esta cuestión, se han señalado los puntos “clave” para comprender esta versión del contractualismo.

Referencias

 Carruthers, P. (1992). The animal issue: moral theory in practice. Cambridge

 Rowlands, M. (2009). Animal Rights: Moral theory and practice. New York: Palgrave MacMillan

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